Según los últimos datos citados por idealista/news, el 95% de las viviendas construidas en los últimos cinco años en España obtiene una buena calificación energética, con más de la mitad en A y otra gran parte en B. La nueva Directiva europea (EPBD) fija que toda la obra nueva sea de “cero emisiones” a partir de 2030, y deja a cada país la tarea de concretar su plan de mejora para el parque ya construido. ¿Qué significa esto si vas a comprar, vender o rehabilitar? Te lo contamos con ideas prácticas.
¿Qué significa que “el 95% de la obra nueva es eficiente”?
En la práctica, que casi toda la vivienda nueva ya se diseña para consumir menos energía y emitir menos CO₂. En concreto, más del 50% de la obra nueva alcanza etiqueta A y cerca del 40% etiqueta B; el resto se reparte en calificaciones C, D y E con peso menor. Para el comprador, esto se traduce en facturas más bajas, mayor confort y, a menudo, mejores condiciones de financiación “verde”. Idealista
EPBD en dos ideas: lo que ya está decidido y lo que falta por concretar
Desde 2030, obra nueva de “cero emisiones”
La Directiva (UE) 2024/1275 establece que todos los edificios nuevos sean zero-emission buildings: muy alta eficiencia y sin emisiones in situ de combustibles fósiles (con excepciones tasadas). Los edificios públicos van un paso antes (2028). Esto ya es derecho europeo y se debe transponer a leyes nacionales antes del 29 de mayo de 2026.¿Y las viviendas existentes? La EPBD no impone una etiqueta uniforme para toda la UE; fija objetivos de reducción del consumo energético y mínimos para los peores edificios no residenciales, y pide a cada Estado una trayectoria nacional para mejorar su parque residencial. En España se trabaja con el horizonte de que, a partir de 2033, el listón mínimo sea al menos una D para las viviendas, un objetivo que deberá concretarse en la transposición.
El gran reto: rehabilitar la ciudad construida
El parque residencial español supera los 26 millones de viviendas y menos del 1% del stock usado luce etiqueta A o B. Predominan las calificaciones E, F y G (la E suma más del 70%). De ahí que los esfuerzos se concentren en la rehabilitación energética: aislamiento, ventanas, equipos y, cuando sea posible, renovables.
Cómo subir de letra sin dramas: cuatro actuaciones que “pagan solas”
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Aislar envolvente (fachada/cubierta): reduce pérdidas y el tamaño necesario de climatización.
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Cambiar carpinterías y vidrios: dobles o triples con rotura de puente térmico.
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Sustituir caldera por bomba de calor de alta eficiencia: clima y ACS con menos energía y sin combustibles fósiles.
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Aprovechar solar fotovoltaica (comunitaria o individual): autoconsumo que abarata la factura y mejora la calificación.
Combinar medidas medianas suele subir una o dos letras; la auditoría energética marca el orden óptimo de inversión.
Ayudas, financiación y acuerdos en comunidad
Hay fondos Next Generation para rehabilitación y un PERTE de vivienda industrializada que impulsa soluciones seriadas; además, la Ley de Propiedad Horizontal permite aprobar obras por mayoría simple si el coste individual (tras ayudas) no supera 12 cuotas. Y no olvides las hipotecas verdes y préstamos específicos para reformas eficientes.
Tip práctico: en comunidades, empieza por un informe técnico y un plan por fases; ayuda a sumar mayorías y a encajar ayudas con financiación bancaria.
¿Vas a comprar o vender?
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Compradores: pide y compara el Certificado de Eficiencia Energética (CEE); una casa A/B suele tener coste total de propiedad (TCO) menor. Pregunta por garantías, instalaciones y consumo estimado. Explora productos financieros “verdes”.
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Vendedores: mejorar dos o tres partidas (aislamiento de huecos, aerotermia, iluminación eficiente) puede elevar la etiqueta y hacer más atractiva la vivienda. Documenta las mejoras (facturas, certificados) para poner en valor el inmueble.
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