Qué dice la LAU sobre la caldera en una vivienda alquilada
La caldera forma parte de los elementos básicos de la vivienda, igual que la instalación eléctrica o la red de fontanería. No es un extra de comodidad, sino un equipo clave para garantizar agua caliente y, en muchos casos, calefacción.
La Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) establece que el propietario tiene la obligación de mantener la vivienda en condiciones de habitabilidad. Esto incluye que los sistemas esenciales, como la caldera, funcionen correctamente. Cuando la avería impide disfrutar de la vivienda de forma normal, en principio la responsabilidad de la reparación recae sobre el arrendador.
Ahora bien, la ley también distingue entre:
Reparaciones necesarias para conservar la vivienda habitable.
Pequeñas reparaciones derivadas del uso diario.
En función de en qué grupo se encuadre el problema con la caldera, pagará una parte u otra.
Cuándo paga el propietario la reparación de la caldera
En general, el propietario debe asumir la reparación cuando:
1. La avería afecta a la habitabilidad de la vivienda
Si la caldera deja de proporcionar agua caliente o calefacción en épocas en las que son necesarias, se entiende que la vivienda no está en condiciones adecuadas para vivir. En esos casos, la reparación se considera una obligación del arrendador para mantener la vivienda en buen estado.
Ejemplos habituales:
La caldera deja de encender.
La instalación presenta una avería interna que el técnico relaciona con antigüedad o desgaste general.
Hay una fuga de agua o gas vinculada al equipo.
En estas situaciones no se puede repercutir el coste al inquilino subiendo la renta, ya que se trata de una obligación legal del propietario y no de una mejora a voluntad.
2. La caldera ya estaba en mal estado al alquilar la vivienda
Si la caldera es muy antigua, presenta fallos recurrentes o ya daba problemas antes de la entrada del inquilino, el arrendador debe hacerse cargo de su reparación o sustitución. Forma parte de su deber de entregar y mantener la vivienda en condiciones de uso.
Cuándo puede responsabilizarse al inquilino
Aunque la caldera sea un elemento esencial, no todas las incidencias corren a cargo del propietario. El inquilino también tiene obligaciones. La LAU le exige cuidar la vivienda con la diligencia de un buen usuario y asumir las pequeñas reparaciones causadas por el uso ordinario.
1. Uso indebido o negligente
Si el propietario puede demostrar que la avería se debe a un mal uso por parte del inquilino, será este último quien tenga que asumir el coste.
Ejemplos de uso indebido:
Manipular la caldera sin conocimientos, modificando presiones o elementos internos.
Ignorar durante mucho tiempo señales claras de fallo, generando una avería mayor.
Desoír las recomendaciones básicas del fabricante sobre uso y mantenimiento.
En estos casos, la ley permite que el arrendador reclame al inquilino el coste de la reparación.
2. Pequeño mantenimiento y ajustes habituales
Hay tareas que se consideran parte del uso cotidiano y recae sobre quien vive en la vivienda. Algunos ejemplos frecuentes:
Purgar radiadores.
Limpiar filtros accesibles.
Ajustar la presión dentro de los márgenes recomendados.
Cuando se trata de estos pequeños ajustes o desajustes por desgaste normal, suele entenderse que es el inquilino quien debe ocuparse, ya que es quien utiliza la instalación a diario.
Mantenimiento de la caldera: quién lo asume y cómo organizarlo
Además de las averías puntuales, la caldera necesita revisiones periódicas por seguridad y por obligación normativa. Aquí pueden darse distintos escenarios:
Contrato de mantenimiento ya contratado por el propietario
Si el dueño ya tiene un contrato de mantenimiento con una empresa, lo habitual es que lo mantenga a su nombre y gestione él las revisiones.
En algunos casos se pacta que el coste del mantenimiento se reparta o se incluya en la renta. Esto debe estar claramente reflejado en el contrato de alquiler para evitar dudas.
Mantenimiento sin contrato previo
Cuando no existe contrato de mantenimiento, es importante que las partes acuerden por escrito:
Quién solicita las revisiones obligatorias.
Quién paga esas revisiones y en qué condiciones.
En la práctica, muchos arrendadores asumen las revisiones obligatorias, ya que afectan a la seguridad y valor de su inmueble. A cambio, esperan que el inquilino avise ante cualquier anomalía y cuide el equipo.
Plazos para reparar la caldera y qué puede hacer el inquilino
La LAU no fija un número de días exacto para realizar la reparación. Sin embargo, sí indica que, cuando la avería afecta a la salubridad o a la seguridad, las reparaciones deben ser inmediatas.
En el caso de una caldera que deja sin agua caliente ni calefacción, se entiende que no es una simple molestia. Por eso es importante:
Avisar al propietario lo antes posible, mejor por escrito.
Explicar claramente el problema y, si se puede, adjuntar fotos o un breve informe técnico.
Facilitar el acceso al técnico, al seguro o al propio propietario para que puedan valorar y reparar la avería.
¿Y si el propietario no responde o se niega a arreglarla?
Si pasa un tiempo razonable sin justificación y la caldera sigue sin reparar, la LAU permite que el inquilino encargue la reparación por su cuenta y reclame después el importe al propietario, siempre que pueda demostrar que:
Avisó de la avería.
La reparación era necesaria y urgente.
El problema afectaba a la habitabilidad de la vivienda.
En casos más graves, cuando el propietario incumple de forma clara y continuada sus obligaciones de conservación, el arrendatario puede incluso plantearse resolver el contrato, basándose en los artículos que regulan el incumplimiento de las obligaciones del arrendador.
Consejos prácticos para evitar conflictos con la caldera en un alquiler
Para propietarios:
Entrega la vivienda con la caldera revisada y funcionando correctamente.
Deja por escrito en el contrato quién asume el mantenimiento y en qué condiciones.
Responde con rapidez cuando el inquilino comunique una avería, sobre todo en invierno.
Para inquilinos:
Revisa la caldera en la visita previa y anota cualquier incidencia en el inventario.
Usa el equipo siguiendo las indicaciones del fabricante y no intentes reparaciones por tu cuenta.
Comunica siempre por escrito las averías importantes y guarda justificantes, fotos e informes.
En resumen
La regla general es sencilla:
El propietario paga las reparaciones importantes que afectan a la habitabilidad y derivan del estado o antigüedad de la caldera.
El inquilino se hace cargo de las pequeñas reparaciones por desgaste habitual y responde si ha habido un uso negligente.
A partir de ahí, un buen contrato y una comunicación fluida entre ambas partes son la mejor garantía para que la caldera funcione, el hogar sea confortable y el alquiler transcurra sin conflictos innecesarios.

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